Los tatuajes, las perforaciones, la escarificación y otras modificaciones corporales permanentes revelan una de las formas de comunicación no verbal más antiguas y universales.
Desde los albores de la humanidad, el cuerpo ha sido mucho más que un soporte biológico: es lienzo, escudo y relato. Sobre él se proyectan identidades, jerarquías, creencias y sentidos de pertenencia que trascienden al individuo y pasan a formar parte del tejido de la comunidad.
Los tatuajes, las perforaciones, la escarificación y otras modificaciones permanentes revelan una de las formas de comunicación no verbal más antiguas y universales.
La gran diversidad cultural de Sudán del Sur encarna este papel central del cuerpo humano como medio para codificar y transmitir significado.
Los Mundari utilizan marcas en forma de V en la frente como señal de identidad y como forma de honrar a su ganado sagrado, ya que representan la forma de los cuernos de las vacas.
Los Toposa marcan sus rostros con escarificaciones que, según su cultura, embellecen el rostro y, además, suelen indicar el clan al que pertenecen. También escarifican imágenes cotidianas, como la de una gallina.
Los Jiye hacen un uso extensivo de las perforaciones sublabiales y supralabiales, incluso desde una edad temprana, especialmente las mujeres. Es un elemento estético muy valorado.
La tribu más decorada de todas es la Larim, en los montes Boya. Practican la escarificación de forma intensiva en espalda y brazos, especialmente las mujeres. También realizan todo tipo de perforaciones, que adornan con metales y cuentas de plástico.
La estética conecta lo sagrado con lo individual, lo personal con lo colectivo y lo efímero con lo eterno.
Aníbal Bueno, cofundador de Last Places, fotógrafo de viajes y guía, profundiza en este fenómeno cultural en su libro Marcas en la piel. El libro está disponible en su página web página web anibalbueno.com
© Fotografías de modificaciones corporales de distintos grupos étnicos de Sudán del Sur tomadas por Aníbal Bueno.