Kenia, Sudán del Sur, Tanzania /

En buena parte de África, la infancia transcurre de un modo muy distinto al que predomina en las sociedades urbanas occidentales. Las infancias cuidando ganado forman parte del paisaje cotidiano de numerosas comunidades pastoriles. Desde edades tempranas, muchos niños asumen responsabilidades relacionadas con el cuidado del ganado, una tarea que va mucho más allá de alimentar a los animales. Vacas, cabras, ovejas o camellos representan el sustento económico de la familia. Pero también su prestigio, su historia y, en numerosas ocasiones, el eje sobre el que gira toda la organización social. Aprender a convivir con ellos es, por tanto, una parte esencial del proceso de convertirse en adulto.

Entre los mundari de Sudán del Sur, quizá uno de los ejemplos más conocidos, los niños acompañan al ganado prácticamente desde que son capaces de caminar largas distancias. En los campamentos de ganado aprenden a reconocer a cada res por sus cuernos, su color o su temperamento. Asimismo, aprenden a detectar enfermedades, a proteger el rebaño frente a depredadores y a orientarse por un paisaje cambiante. Allí también interiorizan conocimientos transmitidos oralmente durante generaciones y desarrollan fuertes vínculos emocionales con los animales, que suelen recibir nombres propios y ocupan un lugar central en la vida cotidiana.

Sin embargo, esta realidad no es exclusiva de los mundari. Pueblos como los masái de Kenia y Tanzania, los himba de Namibia, los fulani del Sahel o numerosos grupos del Cuerno de África también confían a los más jóvenes buena parte de las labores de pastoreo. A través de esta responsabilidad, los niños adquieren habilidades prácticas, aprenden a trabajar en equipo, fortalecen su autonomía y conocen el territorio que heredarán. El cuidado del ganado constituye una auténtica escuela al aire libre, donde la observación constante y la experiencia pesan más que cualquier enseñanza formal.

Desde una mirada externa, estas imágenes pueden interpretarse como una infancia marcada por el trabajo. Sin embargo, comprenderlas exige situarlas en su contexto cultural. En muchas sociedades ganaderas, cuidar de los animales no se percibe únicamente como una obligación económica. También consiste en una forma de educación, pertenencia e integración en la comunidad. Ello no significa ignorar los desafíos que enfrentan estas poblaciones —como el acceso desigual a la escolarización o la presión derivada de los cambios sociales y climáticos—, sino reconocer que las ideas sobre la infancia, el aprendizaje y las responsabilidades infantiles no son universales.

La antropología nos recuerda que existen múltiples maneras de crecer y de prepararse para la vida adulta. Las infancias cuidando ganado son solo una de las muchas realidades que muestran cómo la infancia puede vivirse de formas muy distintas según el contexto cultural. Entenderlas requiere observarlas desde la lógica de quienes las viven, evitando juzgarlas exclusivamente desde nuestros propios referentes culturales.

© Fotografías de Aníbal Bueno.

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    Sobre el autor

    Aníbal Bueno

    Guía, científico, escritor y fotógrafo profesional experto en documentación de sociedades minoritarias. Distribuye su tiempo entre la investigación, la docencia y el trabajo como guía.

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